Siento que hay un enorme grado de injusticia en el mundo
Puedo escuchar los vientos de guerra arreciar con fuerza,
la violencia azotando los frágiles rostros de niños morenos,
de mujeres resignadas,
de hombres indefensos azolados por el terror de la opresión
Pero es cómodo pensar que estan lejos
Que hay miles y miles de kilómetros de distancia,
es muy fácil pensar que son guerras lejanas,
que poco tienen que ver con nuestro día a día
Aún cuando son pocas las fronteras que nos separan de otras guerras,
de otras realidades
con otros conflictos bélicos
Grandes batallas de fuerza
y también de la mente
donde el odio sobrepasa la sensibilidad del ser humano
y la comprensión de la civilitud de una especie
que ha aprendido a sopesar verdaderas catástrofes,
solo para encontrarse con otras encrucijadas
fruto de su propia ambición y furia ciega
Aún cuando muchas batallas se libran
a nuestro alrededor,
angustian a nuestro pueblo,
oprimen a nuestros seres queridos,
parece que simplemente nada nos logra quitar el sueño
Mañana temprano, dos cucharadas de café y a seguir con la rutina
viernes, 18 de julio de 2014
sábado, 5 de julio de 2014
Bedroom Eyes
"(...) Juguemos a querernos, sin querernos,
hasta el día en que alguno de los dos
vuelva a sentir amor por cualquier otro.
El amor es hermoso aun como juego."
- Extracto de 'Broadway', José María Fonollosa
hasta el día en que alguno de los dos
vuelva a sentir amor por cualquier otro.
El amor es hermoso aun como juego."
- Extracto de 'Broadway', José María Fonollosa
Después de pensarlo un rato, me concentré en hacer de dicha idea algo más que eso, sino algo que iba a hacer. Estaba decidido ya. La situación en casa no era de lo mejor. La Sandra no me da bola, hueón, y realmente algo extraño hay en eso. Asi que, anticipándome a cualquier eventual desenlace de lo que pudiera pasar en mi casa, me puse en la cabeza la idea de pasar por ahi, por ese barcito, ese cuartucho misterioso de vidrios polarizados. Ese enigmático oasis de delicias desconocidas, de emociones inesperadas. Nunca lo he hecho. Nunca he tenido las ganas, o el tiempo, de adentrarme en dichos ambientes, para mí era algo tan salvaje como zarpar con un barco hacia aguas esconocidas, dirección el abismo, el límite del mundo de los hombres. Se me aceleraba el pulso de solo pensarlo. Cuantas veces he pasado por ahí, muchas veces haciéndome el loco, sin caer en cuenta de qué yacia detrás de esas puertas. Otras, simplemente tuve unas ganas irremediables de mandar todo a la cresta, los habitos moralistas, la verguenza, el pudor, todo para entrar en dicho santuario de lo impenetrable. Dicha fortaleza desprovista de la mano de Dios (del Dios que se nos inculca a la fuerza en este país), aquel vasto templo erigido hacia el morbo y la degradación del ser humano. Temeroso estuve, durante todo este tiempo. Pero sin duda estuve más intrigado que nada. Ese placer de romper las barreras de lo prohibido a veces nos llama más fuerte que nada.
Tenía previsto pasar despues de la pega. Era viernes, le dije a Sandra que me había salido algo con el proyecto que tenía pendiente. "Lo siento amor, pero si no soluciono esto, puta, ya sabi, el Claudio se pone hueón con estas cosas", le decía. "Si gordo, tranquilo, yo te voy a estar esperando igual, eso si no me arranco a otra parte, jajajá". "Jajajá que vai a hacer, contratar un vedetto?", respondí, de manera tan natural que no lo creía. Si lograba salirme con la mia, eso estaba por verse. Pero estaba dispuesto. Realmente ya me importaba nada lo demás. Y así como pude dar previo aviso de mi coartada, desde ese momento empecé a vivir una cuenta regresiva. Un infartante tic tac, continuo, incesante, un goteo entrecortado que taladraba mi sien.
El auto lo podia dejar, convenientemente, estacionado dentro del mismo edificio. La empresa trabaja hasta tarde, y con el tiempo que llevo aquí, no causaba extrañeza que me quedara un poco más tarde finalizando detalles, o simplemente compartiendo un café con alguien, haciendo vida social. El local quedaba a dos o tres cuadras. Saliendo de mi oficina, me dirigí inmediatamente al baño. Me vestí de civil, retoqué en mi cabello, mi aliento, todo lo necesario sobre mi apariencia. Me quité el anillo, lo guardé en mis zapatillas para que no se extraviara. Para evitar levantar sospechas, tenía una chaqueta que, comodamente, tenia bolsillos amplios. Entonces, salí del piso en dirección hacia la entrada principal, con ambas manos escondidas. Caminando hacia afuera le dije a Don Sergio, el portero, que volvía en seguida. "Me dieron ganas de buscar un cafecito, se le ofrece algo compadre?". Su respuesta fue negativa, un gracias, palabras amables entre medio, y estaba en la calle. Empezaba mi aventura.
Fui dando pasos certeros, imponentes. Caminaba con desición, pero, al mismo tiempo, vigilaba sobre mi hombro con cautela. Tenía hasta una ruta planeada. Me pasaría brevemente por la cuadra anterior al "café", para tantear bien el terreno y evitar encontrarme con "testigos sorpresa". Una vez en la recta final de mi ruta, tenía vista clara de mi objetivo. Ahi se posaban vitrales largos, negros, con un sugerente letrero de neón sirviendo de aureola. Un tipo en un banquito de bar custodiaba la entrada, cual minotauro de laberinto, leyendo el diario en silencio. Era el momento justo para hacer mi entrada.
Empuje las puertas corredizas, moví la perciana negra que les sucedía, todo para encontrarme con un cuarto casi vacio. Tenia espejos a los lados, dos barras, una en cada costado. La caja se encontraba en una esquina y, cerca de ella, solamente una mujer ahí se situaba desocupada. Era joven, de pelo oscuro con reflejos castaños. Usaba un diminuto bikini con tonos verde fluorescente. Su piel blanca, lozana, parecía de seda y sus caderas me llamaban con el ritmo de la música. No tardó en girarse y hacer contacto visual conmigo, esbozó una sonrisa, se me acercó, y me saludó con un beso en la mejilla. "Hola, que se te ofrece?", me dijo. Le pregunté que habia, entonces me ofreció un café, y yo lo acepte con gusto. Me gustó su voz, tenia lindo rostro además. Inmediatamente se me hizo "diferente" a lo que creía como "mujer de café", se me hizo amena, agradable, de caracter ligero. Sensualidad subliminal, escondida como fuego bajo su piel, de esas que explotan con el tacto indicado. Me ubiqué en un lugar de la barra, sentado en un banquillo, esperando mi orden. Breves momentos después, había llegado a mi. Le espolvoreó una pizca de canela encima, me lo ofreció con un gesto, yo le dije "gracias". Segundos después, me dice "Vas a querer compañía?". Y yo, sin saber exactamente a que se refería, le pregunté sin mucho reparo. "Bueno, si quieres que yo me quede aca para conversar, para que te de un baile o cualquier cosa así, serian dos mil para invitarme algo y que te acompañe" Le dije que sí, que me gustaría contar con su compañia, así que ella fue a buscar algo para servirse y dar aviso en caja. Volvió con un vaso diminuto de jugo.
"Me llamo Musi", dijo, "Y tu?". "Fabián", respondí. Después de breves vanalidades, logró hacer que me distendiera un poco. En un momento volvieron a mí sus palabras anteriores. "La verdad es que soy nuevo en esto", le dije, "Si, me parecía", respondió, sonriendo. "Ya te han dicho lo mismo?" acoté bromeando, con una pequeña gota de seriedad. "No, pero esta bien, si hay que probar de todo en la vida", dijo. Sus ojos me miraban profundamente, y durante una pequeña fracción de segundo, pude sentirlo. Un click, electricidad, puse mis manos sobre su espalda descubierta, apenas rozando su piel. Sentí estática. Deseo. "Entonces, quieres que te baile, verdad?" Me dijo juguetona. "Por supuesto", acepté.
Rápidamente, puso sus manos alrededor de mi cuello, su nariz pegada a la mia. Empezó a moverse con un vaivén continuo, acercándose cada vez más a mi. Con las yemas de los dedos, recorría su espalda, sus costados, en movimientos circulares, yendo desde sus hombros despacio, muy despacio, hacia la parte más baja de su espalda, tomandome mi dulce tiempo en recorrer este nuevo paisaje que se me había abierto. Podía sentir su respiración junto a la mia, fue corto el tiempo hasta que nos acopláramos y comenzaramos a subir, tan majestuosamente como un cóndor se alza en los cielos. La primera parte fue solo eso, descubrimiento, tímida seducción en un juego tan antiguo como lo es la vida. Pasó entonces a voltearse, se sentó en mi regazo despacio, mientras mis manos iban de sus piernas a su vientre, acariciando cada contorno como si fuera mio, cada detalle, cada curva. Comenzó a menearse sobre mi, apoyándose en mi miembro en continuo roce, abriendo paso al salvaje recorrido que me esperaba. Disfrutaba en absoluto silencio cada segundo que se me otorgaba para esto, para deleitarme de su cuerpo. Poco a poco, el ritmo fue subiendo. La reacción fue inesperada, pero sin duda bien recibida. Se acoplaba a mi ritmo de manera perfecta, subiendo y bajando al compas de mis latidos, cada vez más agitados, agitando mi respiración, reaccionando a mi tacto haciendome pensar que ella también lo estaba disfrutando. Quizas fue un minuto, quizas dos, de los minutos más largos de mi vida, desvividos segundo a segundo con un placer que hace mucho no lograba sentir. Entonces, terminó todo, ella se dió vuelta para mirarme y exhaló de golpe, de forma agitada. Se abanicaba con la mano, entonces me miró y fue inevitable dejar escapar una sonrisa. Ella también sonreía.
"Bueno, se acabó el tiempo pero si quieres pedir otro baile...". Entonces decidí ir un poco más allá. "Y algo un poco más que un baile, se puede?", pregunté, mi interés era evidente. Estaba embelesado. "Pucha, algo asi como atención privada yo no hago. Tengo compañeras que si, pero yo solamente atiendo acá, en el salón", respondió. "Entonces, creo que me gustaría otro baile", señalé. "Ya, vuelvo en seguida entonces", dijo, para luego retirarse y volver con el mismo vaso diminuto, relleno.
La segunda ronda empezó diferente. Ahora ya sabía que iba a pasar, así que quise tomar más desición. Inmediatamente se acercó a mi rostro, como antes, dejándose caer tímida pero seductoramente cerca mio, anticipando la tensión del momento, atrapando esas ganas que sentí y que, probablemente sentíamos, de callar la música y entregarnos con un beso. Ahora, con mis manos más firmes sobre su cintura, la seguía, luego la guiaba, aproximaba sus movimientos a mi cuerpo. Nuestra respiración se acoplaba, agitándose, siguiendo el ritmo de un amor tan fugaz como deslumbrante, como un cometa, como fuegos artificiales. Nuevamente, dio media vuelta y posó su cuerpo sobre el mio. Ahora el movimiento era mas cercano. Empezamos despacio, igual que antes, de a poco se nos fue de las manos y dimos espacio a la lujuria. Se movía de manera exquisita, para mi fue natural agarrarla decididamente, apretarla contra mi, subir las manos, acariciar sus pechos y jugar con su sostén, primero rozando las costuras, luego agarrándolos firmemente, masajeandolos mientras la escuchaba gemir en silencio. No fuera que sus jefes se enteraran que era algo más que un "baile". No fuera a pasar que estaba obteniendo algo más que lo que pagué. Pero ahí estaba ella, siguiendome el juego, rindiéndose a mi amor. Cuando se dió vuelta, podia sentir su respiración entrecortada, su pulso estaba igual que el mio. Seguía pegada a mi cuerpo, le agarré el culo para que no se separara, despues de acercarse sola la sujeté de la espalda. Su cuello se acercaba a mi boca con intención de seguir más allá. Sus labios se acercaban peligrosamente al deseo. Fueron, en total, más minutos de los que tuve conciencia. Que me importaba el tiempo, en realidad. Ella se detuvo despacio, sin querer soltar el momento. Gozaba escuchándola respirar, como si hubiera corrido una maratón. Breves segundos despues, se dijo algo así como "Cálmate", de manera muy sutil. Pero yo estaba seguro de haberla escuchado. Sin embargo, ya era el momento de dejarla ir, así que hice lo mejor que pude para tratar de distraer el momento. Pero estaba nervioso. No podía pensar en que decir. "Se me había olvidado que pedí un café", dije. Me miró con una sonrisa pacífica, y dijo "aprovecha, antes que se enfríe". Después, ni me acuerdo que le dije. No lo se, pero luego de finiquitar mi cuenta, nos despedimos, y partí a medias, sin mucho acordarme de como lograba caminar, hacia la persiana que cubría la salida.
Saliendo de ahí, fui derecho a ver donde podía comprar un café normal, para que mi coartada estuviese completa. Cerca había un negocio que todavía no cerraba, compré, volví, y ahí mismo Don Sergio me preguntó amenamente "¿Se quedo conversando, Don Briones?". "Me di el gustito, compadre, total no estoy muy apurado", dije, luego abrí el tema de conversación para cualquier cosa que se me ocurriera. Jugueteaba con el anillo en mi zapato, moviendolo de lado a lado con mi pié, siguiendo la conversación de forma activa. Pero en realidad, mi mente se hallaba en otro lugar. Me imaginé entonces todo lo que había acontecido. Visualicé la idea de la Musi, de que podría pasar si volvía a verla. Una sonrisa se dibujó en mi rostro, hasta maripositas sentía, ¿Qué habrá tenido dicha chiquilla que logró revolver mi corazón como si fuera adolescente una vez más? No lo podía saber. Pero, hasta entonces, estaría nuevamente en miras de tomarme otro café.
Tenía previsto pasar despues de la pega. Era viernes, le dije a Sandra que me había salido algo con el proyecto que tenía pendiente. "Lo siento amor, pero si no soluciono esto, puta, ya sabi, el Claudio se pone hueón con estas cosas", le decía. "Si gordo, tranquilo, yo te voy a estar esperando igual, eso si no me arranco a otra parte, jajajá". "Jajajá que vai a hacer, contratar un vedetto?", respondí, de manera tan natural que no lo creía. Si lograba salirme con la mia, eso estaba por verse. Pero estaba dispuesto. Realmente ya me importaba nada lo demás. Y así como pude dar previo aviso de mi coartada, desde ese momento empecé a vivir una cuenta regresiva. Un infartante tic tac, continuo, incesante, un goteo entrecortado que taladraba mi sien.
El auto lo podia dejar, convenientemente, estacionado dentro del mismo edificio. La empresa trabaja hasta tarde, y con el tiempo que llevo aquí, no causaba extrañeza que me quedara un poco más tarde finalizando detalles, o simplemente compartiendo un café con alguien, haciendo vida social. El local quedaba a dos o tres cuadras. Saliendo de mi oficina, me dirigí inmediatamente al baño. Me vestí de civil, retoqué en mi cabello, mi aliento, todo lo necesario sobre mi apariencia. Me quité el anillo, lo guardé en mis zapatillas para que no se extraviara. Para evitar levantar sospechas, tenía una chaqueta que, comodamente, tenia bolsillos amplios. Entonces, salí del piso en dirección hacia la entrada principal, con ambas manos escondidas. Caminando hacia afuera le dije a Don Sergio, el portero, que volvía en seguida. "Me dieron ganas de buscar un cafecito, se le ofrece algo compadre?". Su respuesta fue negativa, un gracias, palabras amables entre medio, y estaba en la calle. Empezaba mi aventura.
Fui dando pasos certeros, imponentes. Caminaba con desición, pero, al mismo tiempo, vigilaba sobre mi hombro con cautela. Tenía hasta una ruta planeada. Me pasaría brevemente por la cuadra anterior al "café", para tantear bien el terreno y evitar encontrarme con "testigos sorpresa". Una vez en la recta final de mi ruta, tenía vista clara de mi objetivo. Ahi se posaban vitrales largos, negros, con un sugerente letrero de neón sirviendo de aureola. Un tipo en un banquito de bar custodiaba la entrada, cual minotauro de laberinto, leyendo el diario en silencio. Era el momento justo para hacer mi entrada.
Empuje las puertas corredizas, moví la perciana negra que les sucedía, todo para encontrarme con un cuarto casi vacio. Tenia espejos a los lados, dos barras, una en cada costado. La caja se encontraba en una esquina y, cerca de ella, solamente una mujer ahí se situaba desocupada. Era joven, de pelo oscuro con reflejos castaños. Usaba un diminuto bikini con tonos verde fluorescente. Su piel blanca, lozana, parecía de seda y sus caderas me llamaban con el ritmo de la música. No tardó en girarse y hacer contacto visual conmigo, esbozó una sonrisa, se me acercó, y me saludó con un beso en la mejilla. "Hola, que se te ofrece?", me dijo. Le pregunté que habia, entonces me ofreció un café, y yo lo acepte con gusto. Me gustó su voz, tenia lindo rostro además. Inmediatamente se me hizo "diferente" a lo que creía como "mujer de café", se me hizo amena, agradable, de caracter ligero. Sensualidad subliminal, escondida como fuego bajo su piel, de esas que explotan con el tacto indicado. Me ubiqué en un lugar de la barra, sentado en un banquillo, esperando mi orden. Breves momentos después, había llegado a mi. Le espolvoreó una pizca de canela encima, me lo ofreció con un gesto, yo le dije "gracias". Segundos después, me dice "Vas a querer compañía?". Y yo, sin saber exactamente a que se refería, le pregunté sin mucho reparo. "Bueno, si quieres que yo me quede aca para conversar, para que te de un baile o cualquier cosa así, serian dos mil para invitarme algo y que te acompañe" Le dije que sí, que me gustaría contar con su compañia, así que ella fue a buscar algo para servirse y dar aviso en caja. Volvió con un vaso diminuto de jugo.
"Me llamo Musi", dijo, "Y tu?". "Fabián", respondí. Después de breves vanalidades, logró hacer que me distendiera un poco. En un momento volvieron a mí sus palabras anteriores. "La verdad es que soy nuevo en esto", le dije, "Si, me parecía", respondió, sonriendo. "Ya te han dicho lo mismo?" acoté bromeando, con una pequeña gota de seriedad. "No, pero esta bien, si hay que probar de todo en la vida", dijo. Sus ojos me miraban profundamente, y durante una pequeña fracción de segundo, pude sentirlo. Un click, electricidad, puse mis manos sobre su espalda descubierta, apenas rozando su piel. Sentí estática. Deseo. "Entonces, quieres que te baile, verdad?" Me dijo juguetona. "Por supuesto", acepté.
Rápidamente, puso sus manos alrededor de mi cuello, su nariz pegada a la mia. Empezó a moverse con un vaivén continuo, acercándose cada vez más a mi. Con las yemas de los dedos, recorría su espalda, sus costados, en movimientos circulares, yendo desde sus hombros despacio, muy despacio, hacia la parte más baja de su espalda, tomandome mi dulce tiempo en recorrer este nuevo paisaje que se me había abierto. Podía sentir su respiración junto a la mia, fue corto el tiempo hasta que nos acopláramos y comenzaramos a subir, tan majestuosamente como un cóndor se alza en los cielos. La primera parte fue solo eso, descubrimiento, tímida seducción en un juego tan antiguo como lo es la vida. Pasó entonces a voltearse, se sentó en mi regazo despacio, mientras mis manos iban de sus piernas a su vientre, acariciando cada contorno como si fuera mio, cada detalle, cada curva. Comenzó a menearse sobre mi, apoyándose en mi miembro en continuo roce, abriendo paso al salvaje recorrido que me esperaba. Disfrutaba en absoluto silencio cada segundo que se me otorgaba para esto, para deleitarme de su cuerpo. Poco a poco, el ritmo fue subiendo. La reacción fue inesperada, pero sin duda bien recibida. Se acoplaba a mi ritmo de manera perfecta, subiendo y bajando al compas de mis latidos, cada vez más agitados, agitando mi respiración, reaccionando a mi tacto haciendome pensar que ella también lo estaba disfrutando. Quizas fue un minuto, quizas dos, de los minutos más largos de mi vida, desvividos segundo a segundo con un placer que hace mucho no lograba sentir. Entonces, terminó todo, ella se dió vuelta para mirarme y exhaló de golpe, de forma agitada. Se abanicaba con la mano, entonces me miró y fue inevitable dejar escapar una sonrisa. Ella también sonreía.
"Bueno, se acabó el tiempo pero si quieres pedir otro baile...". Entonces decidí ir un poco más allá. "Y algo un poco más que un baile, se puede?", pregunté, mi interés era evidente. Estaba embelesado. "Pucha, algo asi como atención privada yo no hago. Tengo compañeras que si, pero yo solamente atiendo acá, en el salón", respondió. "Entonces, creo que me gustaría otro baile", señalé. "Ya, vuelvo en seguida entonces", dijo, para luego retirarse y volver con el mismo vaso diminuto, relleno.
La segunda ronda empezó diferente. Ahora ya sabía que iba a pasar, así que quise tomar más desición. Inmediatamente se acercó a mi rostro, como antes, dejándose caer tímida pero seductoramente cerca mio, anticipando la tensión del momento, atrapando esas ganas que sentí y que, probablemente sentíamos, de callar la música y entregarnos con un beso. Ahora, con mis manos más firmes sobre su cintura, la seguía, luego la guiaba, aproximaba sus movimientos a mi cuerpo. Nuestra respiración se acoplaba, agitándose, siguiendo el ritmo de un amor tan fugaz como deslumbrante, como un cometa, como fuegos artificiales. Nuevamente, dio media vuelta y posó su cuerpo sobre el mio. Ahora el movimiento era mas cercano. Empezamos despacio, igual que antes, de a poco se nos fue de las manos y dimos espacio a la lujuria. Se movía de manera exquisita, para mi fue natural agarrarla decididamente, apretarla contra mi, subir las manos, acariciar sus pechos y jugar con su sostén, primero rozando las costuras, luego agarrándolos firmemente, masajeandolos mientras la escuchaba gemir en silencio. No fuera que sus jefes se enteraran que era algo más que un "baile". No fuera a pasar que estaba obteniendo algo más que lo que pagué. Pero ahí estaba ella, siguiendome el juego, rindiéndose a mi amor. Cuando se dió vuelta, podia sentir su respiración entrecortada, su pulso estaba igual que el mio. Seguía pegada a mi cuerpo, le agarré el culo para que no se separara, despues de acercarse sola la sujeté de la espalda. Su cuello se acercaba a mi boca con intención de seguir más allá. Sus labios se acercaban peligrosamente al deseo. Fueron, en total, más minutos de los que tuve conciencia. Que me importaba el tiempo, en realidad. Ella se detuvo despacio, sin querer soltar el momento. Gozaba escuchándola respirar, como si hubiera corrido una maratón. Breves segundos despues, se dijo algo así como "Cálmate", de manera muy sutil. Pero yo estaba seguro de haberla escuchado. Sin embargo, ya era el momento de dejarla ir, así que hice lo mejor que pude para tratar de distraer el momento. Pero estaba nervioso. No podía pensar en que decir. "Se me había olvidado que pedí un café", dije. Me miró con una sonrisa pacífica, y dijo "aprovecha, antes que se enfríe". Después, ni me acuerdo que le dije. No lo se, pero luego de finiquitar mi cuenta, nos despedimos, y partí a medias, sin mucho acordarme de como lograba caminar, hacia la persiana que cubría la salida.
Saliendo de ahí, fui derecho a ver donde podía comprar un café normal, para que mi coartada estuviese completa. Cerca había un negocio que todavía no cerraba, compré, volví, y ahí mismo Don Sergio me preguntó amenamente "¿Se quedo conversando, Don Briones?". "Me di el gustito, compadre, total no estoy muy apurado", dije, luego abrí el tema de conversación para cualquier cosa que se me ocurriera. Jugueteaba con el anillo en mi zapato, moviendolo de lado a lado con mi pié, siguiendo la conversación de forma activa. Pero en realidad, mi mente se hallaba en otro lugar. Me imaginé entonces todo lo que había acontecido. Visualicé la idea de la Musi, de que podría pasar si volvía a verla. Una sonrisa se dibujó en mi rostro, hasta maripositas sentía, ¿Qué habrá tenido dicha chiquilla que logró revolver mi corazón como si fuera adolescente una vez más? No lo podía saber. Pero, hasta entonces, estaría nuevamente en miras de tomarme otro café.
sábado, 14 de junio de 2014
Memories
Entre nubes de nostalgia, veo hacia atrás y veo a un niño. Soy yo, de hace años atras, debo tener 6 años probablemente, un poco más. Me lo imagino corriendo por el patio empedrado, para cualquier parte. No habla con los demás, no juega tampoco, simplemente esta ahí, disfrutando el recreo, esperando a entrar a la sala. Entonces me acuerdo de aprender a atarme los cordones, de tomar te con leche al desayuno, de jugar con tazos y ranitas de plastico, ahora si con otros niños. Del furgón escolar, de escuchar la radio en el viaje. De las tardes calurosas que parecían eternas, de los días de lluvia con ese olor a tierra tan característico. De tenerle miedo a los truenos. Pienso en tantas cosas sobre esos dias, en vivir todavia en el departamento, en la cercanía y admiración que tenía por mis hermanos. En tomar once con mi hermana todos los dias.
Desde mi perspectiva actual no logro percibir demasiado. Pero me viene un sobrecogimiento tremendo cuando me acuerdo, se me empañan los ojos incluso. Todo esto, viene solamente por un pequeño "baúl del tiempo" que encontró mi hermana mientras ordenaba. Era una carpeta enorme, llena de varios trabajos y manualidades que hiciera durante esos años, en mi época de kinder. Fue inevitable revisar varias cosas, reirme por mis dibujos de niño, pensando en los buenos recuerdos y en la sencillez de otros dias. De tanto revisar y revisar, me topé con cosas que no me esperaba.
El primer objeto fue un dibujo. Eran solamente simples trazados de personas, "aquí dibujo a mi familia" decía arriba. Estaban mis hermanos, mi hermana (notoriamente más pequeña que mis hermanos), mi madre... Pero mi padre no aparecia. Claro, si en esos años era poco lo que se dejaba ver. Era un hombre ocupado, siempre viajando por temas de negocios, tratando de mantener a la familia. En esos tiempos hasta le tenia algo de miedo.
Lo segundo fue, para mi sorpresa, un diploma de honor. Que maravilla! Y yo que pense, durante todos mis años de infancia, que tenía un rendimiento pésimo. Que no estaba a la par de lo que se esperaba de mi. Que no podía alcanzar a mis hermanos y seguía siendo inferior. Hay recuerdos, si, varios recuerdos, donde se destaca que realmente me iba bien. Pero para mi es una sombra constante el fantasma del fracaso.
Lo tercero terminó esclareciendo algunas cosas (y sembrando varias dudas más): Un informe académico. Lo lei detalladamente, con una especie de lágrima en la garganta:
"Primer Periodo
1.- Área Física y de Salud: Coordina movimientos gruesos, realiza desplazamientos segpun diferentes tiempos. Su salud se ha visto afectada por repetidas amigdalitis.
2.- Área Emocional y Social: Es un niño independiente, capaz de manejarse solo. Participa en la actividad grupal. Se integra espontáneamente al grupo de pares, organiza juegos y tiene amigos. Es responsable y ordenado.
(...)Observaciones: Logra afinidad con varios compañeros, es buen amigo y fiel a ellos. Sabe compartir y no es peleador.
Segundo Periodo
(...)2.- Área Emocional y Social: Logró respetar órdenes preestablecidas. Establece afinidad con algúnos niños, de quienes debe repararse durante el trabajo por conversar bastante, sin embargo es responsable en su trabajo, a veces se demora más, pero los termina. En ocasiones demostró inseguridad al exponer frente al grupo curso.
(...)Observaciones: Muy ordenado en sus trabajos. Reforzar en el hogar desarrollo de la personalidad. Se destaca por rendimiento. ¡Felicidades!"
Todo bien. Bastante bien diria yo. Pero parte de mi no se siente identificado. Y entonces, lo unico que me queda por preguntar es... ¿Donde fue que quedó ese niño?
¿Qué diria él si me ve ahora? ¿Estaría orgulloso? ¿Que sería de ese niño con tanto potencial por delante? Me siento sobrepasado por ese potencial, siempre he sentido que no he rendido lo suficiente y ahora mismo se me viene encima eso. ¿Qué pensaría él de lo que he hecho con mi vida? ¿Estaría feliz? ¿Sabría entenderme en las desiciones que he tomado? ¿Sabría escuchar mis penas? ¿Mis derrotas?
Y es inevitable pensar que ese niño en verdad nunca se fué, nunca se ha muerto. Que sigue aquí, esperando salir, brillar, destacarse. Que dentro de un corazón noble existe todavía la fuerza de un lobo huargo, de una fiera indomable, esperando galopar raudo hacia los cielos y hacer llover tormentas por todo el mundo. Y me entristece pensar que ahora, ese niño no puede salir. Porque se siente demasiado ocupado sintiendose patético, solo, miserable. Porque se achaca en rencor y se esconde detras de cada esquina, porque siente que quiere mucho y que no lo han querido. Porque canta triste por la vida y no feliz, encarando a la vida. Me gustaría tomar a ese infante y nutrirlo con la experiencia de mis años. Cobijarlo, resguardarlo, darle animos para seguir adelante. Enseñarle que ante los ojos llorosos solo debe existir una amplia entrega a la vida, una energía que desencadene rayos y un millon de ideas para sobrepasar cualquier percance posible. Que ante todas las cosas, todas las personas y todo lo que podria pasar, existe siempre un ser que esta ahí para refugiarlo y amarlo cada día de la vida, y ese soy yo mismo. Y quiero pensar que ese niño me perdona y entiende. Apoyandome en mis triunfos y mas aún en mis fracasos. Amainando mi dolor con su ternura, secando mis lágrimas con sus manos. Quiere verme crecer y hacer cuanto pueda en esta vida, quiere verme reír y reír conmigo. Quiere que deje de estar amargado, que sea capaz de entregarme de cara a la tormenta, caminar sobre brasas, lanzarme al vacio y caer de pie. Todas las frustraciones que tengo son inmundas frente a esa idea.
Que mierda importa todo. Da lo mismo que pueda pasar. Da lo mismo estar sexual y emocionalmente frustrado, por que, ¿Porque no encuentro a una mina? Y estar frustrado por no vivir en un ambiente propicio, por no relacionarme con mi familia pero sentirme atrapado en una casa, ¿Que más necesito? ¿A quien cresta quiero culpar con todas esas cosas? ¿Donde está mi norte acaso? ¿En los demás? ¿Espero que los demás me solucionen la vida? Claramente esa no es la meta principal.
Y hoy tengo una nueva meta. Quiero hacer lo que sea necesario, todo lo que pueda, entregarme cien por ciento, solamente para que ese niño se sienta orgulloso. Porque se pueden esperar muchas cosas de mi a traves de los años, sobre lo que soy, lo que debo hacer, quien debo ser para quien. Pero al primero y al único que debo rendirle cuentas, es a mi mismo. Yo debo trabajar para mi. Yo debo asegurarme mi felicidad. Yo debo ser mi armonía, mi todo, mi plenitud y mi potencial. Me debo eso como mínimo.
Desde mi perspectiva actual no logro percibir demasiado. Pero me viene un sobrecogimiento tremendo cuando me acuerdo, se me empañan los ojos incluso. Todo esto, viene solamente por un pequeño "baúl del tiempo" que encontró mi hermana mientras ordenaba. Era una carpeta enorme, llena de varios trabajos y manualidades que hiciera durante esos años, en mi época de kinder. Fue inevitable revisar varias cosas, reirme por mis dibujos de niño, pensando en los buenos recuerdos y en la sencillez de otros dias. De tanto revisar y revisar, me topé con cosas que no me esperaba.
El primer objeto fue un dibujo. Eran solamente simples trazados de personas, "aquí dibujo a mi familia" decía arriba. Estaban mis hermanos, mi hermana (notoriamente más pequeña que mis hermanos), mi madre... Pero mi padre no aparecia. Claro, si en esos años era poco lo que se dejaba ver. Era un hombre ocupado, siempre viajando por temas de negocios, tratando de mantener a la familia. En esos tiempos hasta le tenia algo de miedo.
Lo segundo fue, para mi sorpresa, un diploma de honor. Que maravilla! Y yo que pense, durante todos mis años de infancia, que tenía un rendimiento pésimo. Que no estaba a la par de lo que se esperaba de mi. Que no podía alcanzar a mis hermanos y seguía siendo inferior. Hay recuerdos, si, varios recuerdos, donde se destaca que realmente me iba bien. Pero para mi es una sombra constante el fantasma del fracaso.
Lo tercero terminó esclareciendo algunas cosas (y sembrando varias dudas más): Un informe académico. Lo lei detalladamente, con una especie de lágrima en la garganta:
"Primer Periodo
1.- Área Física y de Salud: Coordina movimientos gruesos, realiza desplazamientos segpun diferentes tiempos. Su salud se ha visto afectada por repetidas amigdalitis.
2.- Área Emocional y Social: Es un niño independiente, capaz de manejarse solo. Participa en la actividad grupal. Se integra espontáneamente al grupo de pares, organiza juegos y tiene amigos. Es responsable y ordenado.
(...)Observaciones: Logra afinidad con varios compañeros, es buen amigo y fiel a ellos. Sabe compartir y no es peleador.
Segundo Periodo
(...)2.- Área Emocional y Social: Logró respetar órdenes preestablecidas. Establece afinidad con algúnos niños, de quienes debe repararse durante el trabajo por conversar bastante, sin embargo es responsable en su trabajo, a veces se demora más, pero los termina. En ocasiones demostró inseguridad al exponer frente al grupo curso.
(...)Observaciones: Muy ordenado en sus trabajos. Reforzar en el hogar desarrollo de la personalidad. Se destaca por rendimiento. ¡Felicidades!"
Todo bien. Bastante bien diria yo. Pero parte de mi no se siente identificado. Y entonces, lo unico que me queda por preguntar es... ¿Donde fue que quedó ese niño?
¿Qué diria él si me ve ahora? ¿Estaría orgulloso? ¿Que sería de ese niño con tanto potencial por delante? Me siento sobrepasado por ese potencial, siempre he sentido que no he rendido lo suficiente y ahora mismo se me viene encima eso. ¿Qué pensaría él de lo que he hecho con mi vida? ¿Estaría feliz? ¿Sabría entenderme en las desiciones que he tomado? ¿Sabría escuchar mis penas? ¿Mis derrotas?
Y es inevitable pensar que ese niño en verdad nunca se fué, nunca se ha muerto. Que sigue aquí, esperando salir, brillar, destacarse. Que dentro de un corazón noble existe todavía la fuerza de un lobo huargo, de una fiera indomable, esperando galopar raudo hacia los cielos y hacer llover tormentas por todo el mundo. Y me entristece pensar que ahora, ese niño no puede salir. Porque se siente demasiado ocupado sintiendose patético, solo, miserable. Porque se achaca en rencor y se esconde detras de cada esquina, porque siente que quiere mucho y que no lo han querido. Porque canta triste por la vida y no feliz, encarando a la vida. Me gustaría tomar a ese infante y nutrirlo con la experiencia de mis años. Cobijarlo, resguardarlo, darle animos para seguir adelante. Enseñarle que ante los ojos llorosos solo debe existir una amplia entrega a la vida, una energía que desencadene rayos y un millon de ideas para sobrepasar cualquier percance posible. Que ante todas las cosas, todas las personas y todo lo que podria pasar, existe siempre un ser que esta ahí para refugiarlo y amarlo cada día de la vida, y ese soy yo mismo. Y quiero pensar que ese niño me perdona y entiende. Apoyandome en mis triunfos y mas aún en mis fracasos. Amainando mi dolor con su ternura, secando mis lágrimas con sus manos. Quiere verme crecer y hacer cuanto pueda en esta vida, quiere verme reír y reír conmigo. Quiere que deje de estar amargado, que sea capaz de entregarme de cara a la tormenta, caminar sobre brasas, lanzarme al vacio y caer de pie. Todas las frustraciones que tengo son inmundas frente a esa idea.
Que mierda importa todo. Da lo mismo que pueda pasar. Da lo mismo estar sexual y emocionalmente frustrado, por que, ¿Porque no encuentro a una mina? Y estar frustrado por no vivir en un ambiente propicio, por no relacionarme con mi familia pero sentirme atrapado en una casa, ¿Que más necesito? ¿A quien cresta quiero culpar con todas esas cosas? ¿Donde está mi norte acaso? ¿En los demás? ¿Espero que los demás me solucionen la vida? Claramente esa no es la meta principal.
Y hoy tengo una nueva meta. Quiero hacer lo que sea necesario, todo lo que pueda, entregarme cien por ciento, solamente para que ese niño se sienta orgulloso. Porque se pueden esperar muchas cosas de mi a traves de los años, sobre lo que soy, lo que debo hacer, quien debo ser para quien. Pero al primero y al único que debo rendirle cuentas, es a mi mismo. Yo debo trabajar para mi. Yo debo asegurarme mi felicidad. Yo debo ser mi armonía, mi todo, mi plenitud y mi potencial. Me debo eso como mínimo.
sábado, 10 de mayo de 2014
I Am
Asumo inmediatamente la culpa
y dejo firmado para que no quede duda
Asumo la culpa de mis malos habitos
de mis descuidos
de mi apatía sobre mi propio cuidado
sobre mi desdén
sobre mi falta de pasión
Asumo el rol de verdugo y enjuiciado
asumo el rol de juez y dicto sentencia
asumo ante dios, y yo mismo, el jurado
Asumo mis malas letras
y mis afanes egoistas
Asumo sobre mis vicios
y obsesiones
sobre mi particular fijación
respecto a caminos ajenos
Sobre mis errores dejare
mis deseos
Sobre el tapiz quedarán mis ganas
mis ansias ridículas
mi apego a la miel
de los cuencos de porcelana
Enredandose en las sábanas
dejaré mis malos pensamientos
mi simpatía hacia lo prohibido
mi imaginación descarriada
Asumo ahora y busco remediar mis achaques
Asumo antes que sea mas tarde
Divinidad, precioso deseo
Esperandote estos brazos aguardan el duelo
y dejo firmado para que no quede duda
Asumo la culpa de mis malos habitos
de mis descuidos
de mi apatía sobre mi propio cuidado
sobre mi desdén
sobre mi falta de pasión
Asumo el rol de verdugo y enjuiciado
asumo el rol de juez y dicto sentencia
asumo ante dios, y yo mismo, el jurado
Asumo mis malas letras
y mis afanes egoistas
Asumo sobre mis vicios
y obsesiones
sobre mi particular fijación
respecto a caminos ajenos
Sobre mis errores dejare
mis deseos
Sobre el tapiz quedarán mis ganas
mis ansias ridículas
mi apego a la miel
de los cuencos de porcelana
Enredandose en las sábanas
dejaré mis malos pensamientos
mi simpatía hacia lo prohibido
mi imaginación descarriada
Asumo ahora y busco remediar mis achaques
Asumo antes que sea mas tarde
Divinidad, precioso deseo
Esperandote estos brazos aguardan el duelo
lunes, 6 de enero de 2014
Face Of The Mountain
Subiría la montaña. Subiría hasta lo más alto posible, caminando vigorosamente, escalando incansable, solo para estar allá arriba y apreciar la vista. Ensalzarme con el viento escarchado golpeando mi rostro, raspando mi piel. Me posicionaría en el borde mismo del precipicio, acariciando la nada con los dedos, enfrentando mis miedos, sintiendo como de pronto se agolpan en mi pecho. Dejándome consumir por el fracaso, la desolación, la desesperación, el temor más grande, la paranoia, todas esas emociones. Me las tragaría, para darme fuerzas y arrojarme al vacio.
Cuando siento ese miedo terrible siempre me imagino lo mismo. Cuando estoy estresado. Cuando estoy cansado. Mi mente es asolada por la rabia inmensa y al final termina todo en energía, todo en poder, de hacer algo, de correr mil kilómetros y saltar a la nada, de terminar todo una vez por todas y saltar a las vias del tren, de por fin tener la fuerza necesaria para disparar el gatillo.
Y se manifiestan los fantasmas del pasado. Ese miedo terrible de volver a pasar otra vez por lo mismo y sentirme el más completo imbecil, un idiota, un irrisorio remedo de hombre cuya dignidad no vale más que un tapete, porque bien me podría pasar el mundo por encima y ya nada me podría importar. Que valgo yo. Que vale mi corazón. Que hago yo para buscarme siempre lo mismo, donde vuelco mis emociones que nada bueno sale. La verdad me da tanto miedo pasar por lo mismo que no quiero ni hablar.
Y la montaña se mantendrá impasible mientras me ve caer. Al llegar romperán sus vertientes recordando mi imagen.
Cuando siento ese miedo terrible siempre me imagino lo mismo. Cuando estoy estresado. Cuando estoy cansado. Mi mente es asolada por la rabia inmensa y al final termina todo en energía, todo en poder, de hacer algo, de correr mil kilómetros y saltar a la nada, de terminar todo una vez por todas y saltar a las vias del tren, de por fin tener la fuerza necesaria para disparar el gatillo.
Y se manifiestan los fantasmas del pasado. Ese miedo terrible de volver a pasar otra vez por lo mismo y sentirme el más completo imbecil, un idiota, un irrisorio remedo de hombre cuya dignidad no vale más que un tapete, porque bien me podría pasar el mundo por encima y ya nada me podría importar. Que valgo yo. Que vale mi corazón. Que hago yo para buscarme siempre lo mismo, donde vuelco mis emociones que nada bueno sale. La verdad me da tanto miedo pasar por lo mismo que no quiero ni hablar.
Y la montaña se mantendrá impasible mientras me ve caer. Al llegar romperán sus vertientes recordando mi imagen.
miércoles, 23 de octubre de 2013
No tengo ideas de lo que me gustaria estar haciendo con mi vida. O con mi tiempo próximo, por lo menos. Pero es recurrente la sensación de disconformidad, ese sentimiento, esa vocecita que retumba en tu subconciente diciendote que estas perdiendo tu tiempo. Estas mal enfocado. No puedes hacer las cosas bien, no eres lo suficiente, ni siquiera lo intentes, ni lo sueñes, no, no puedes. Esa vocecita que te mantiene distraido por horas, que te quita el sueño por las noches, que insiste en cerrarte los ojos por las mañanas diez, quince, veinte minutos más de la hora adecuada. ¿Saben como es eso? Sentir que cada día empiezas con un poco menos de ánimo y energía que el anterior. Ya ni siquiera te gusta tanto lo que solía gustarte, la rutina se vuelve cada vez más tediosa.
Al final, entre medio del silencio, empiezan a resurgir muchas cosas. Empieza a revivir el miedo. Cada idea vaga que tienes te puede terminar obsesionando por dias, semanas, y de alguna forma empiezas a volverte paranóico. Las ideas se intensifican. El miedo se intensifica. Miedo a todo. A salir, a hacer algo, a quedarse sin hacer nada. A lo que tienes, a lo que quieres, a lo que no tienes, da lo mismo, pero todo se vincula siempre a lo mismo y empiezas a escuchar el tic tac de un reloj, lenta y dolorosamente. Porque es verdad, cada momento te quita el tiempo, tiempo que no volverá, tiempo que pasa y te deja cada vez más atrás, más lejos, te separa de todo. Al final la simple idea de estar desperdiciando tu tiempo es suficiente. Da lo mismo las malas desiciones que tomes, los malos caminos, los malos momentos que puedas pasar, ninguno es un desperdicio tan grande como no estar haciendo nada en lo absoluto, mas que sentir como se va tu tiempo. Como se agota tu vida y se escurre entre tus dedos. Ultimamente pienso en eso mas que nada.
Me gustaria retomar ciertas cosas pero no puedo, estoy demasiado ocupado sintiendome miserable conmigo mismo, aún cuando intento hacer algo siento que no puedo y ando así, a media marcha, con miedo, miedo de no rendir y miedo de lo que pasa si no hago nada, miedo de que llegue un momento donde simplemente no me importe y no haga nada. Creo que soy malo afrontando las cosas.
Siento miedo de mis ideas. Tengo miedo de lo que pueda pasar. No quiero volver a estar solo.
Al final, entre medio del silencio, empiezan a resurgir muchas cosas. Empieza a revivir el miedo. Cada idea vaga que tienes te puede terminar obsesionando por dias, semanas, y de alguna forma empiezas a volverte paranóico. Las ideas se intensifican. El miedo se intensifica. Miedo a todo. A salir, a hacer algo, a quedarse sin hacer nada. A lo que tienes, a lo que quieres, a lo que no tienes, da lo mismo, pero todo se vincula siempre a lo mismo y empiezas a escuchar el tic tac de un reloj, lenta y dolorosamente. Porque es verdad, cada momento te quita el tiempo, tiempo que no volverá, tiempo que pasa y te deja cada vez más atrás, más lejos, te separa de todo. Al final la simple idea de estar desperdiciando tu tiempo es suficiente. Da lo mismo las malas desiciones que tomes, los malos caminos, los malos momentos que puedas pasar, ninguno es un desperdicio tan grande como no estar haciendo nada en lo absoluto, mas que sentir como se va tu tiempo. Como se agota tu vida y se escurre entre tus dedos. Ultimamente pienso en eso mas que nada.
Me gustaria retomar ciertas cosas pero no puedo, estoy demasiado ocupado sintiendome miserable conmigo mismo, aún cuando intento hacer algo siento que no puedo y ando así, a media marcha, con miedo, miedo de no rendir y miedo de lo que pasa si no hago nada, miedo de que llegue un momento donde simplemente no me importe y no haga nada. Creo que soy malo afrontando las cosas.
Siento miedo de mis ideas. Tengo miedo de lo que pueda pasar. No quiero volver a estar solo.
sábado, 9 de marzo de 2013
Romanticismo
¿Y será? ¿No será? Ellos no saben, no al nivel que yo se, porque no lo han vivido más que a traves de mis palabras, de mi obvia palabrería en medio de los malos momentos, pues claro, las tragedias hacen más eco que los buenos momentos...
Y entre tanto que pienso en como será todo, como resultaría encarar la verdad una vez más, y ver como es todo una vez que la niebla se aclare, que no me cieguen y me limiten los pensamientos negativos, ni el miedo, el miedo es terrible para mí, porque siempre que se trata de descubrirme frente a alguien, tengo miedo, mucho miedo, y es que en muchos aspectos todavia soy un niñito perdido que no sabe como tratar lo que siente, no sabe como manejarse como hombre en un mundo de adultos. Bien decia Yoda que "El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio y el odio lleva al sufrimiento". Creo que mis expectativas se llevaron lo mejor de mi cuando tuve miedo, y todo se me vino abajo por su propio peso.
¿Y que importa más? ¿El que dirán, la opinion de ellos, lo que ellos quieren? No, importa mi opinion, importa lo que yo quiero, y por lo menos lo tengo super claro. Porque soy totalmente capaz de cambiar mi mundo por completo, quedarme sin amigos, quedarme sin nada, con tal de perseguir algo en lo que creo, algo que me apasiona... Como los poetas en pleno siglo XVIII, soy de emociones fuertes y de cambios radicales, de movimientos decisivos, de ideales con convicción. Así como ellos se ahorcaban, colgados de los faros de las calles principales en el Londres antiguo, sería capaz de morir luchando por un ideal, por algo que considero justo, valioso, algo que me lleve a pelear y proteger con mi vida.
¿Y qué habrá sido? ¿Qué no habrá sido? ¿Qué me hace cuestionar tanto la situación, una y otra vez? Eso solamente yo lo se a cabalidad, ¿Ellos?, ellos no saben nada, como he dicho muchas veces, no se puede entender todo cuando se vive de segunda mano. Eso es algo que por ahora me reservo, mientras tengo todavía esta sonrisa imborrable en el rostro...
Y entre tanto que pienso en como será todo, como resultaría encarar la verdad una vez más, y ver como es todo una vez que la niebla se aclare, que no me cieguen y me limiten los pensamientos negativos, ni el miedo, el miedo es terrible para mí, porque siempre que se trata de descubrirme frente a alguien, tengo miedo, mucho miedo, y es que en muchos aspectos todavia soy un niñito perdido que no sabe como tratar lo que siente, no sabe como manejarse como hombre en un mundo de adultos. Bien decia Yoda que "El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio y el odio lleva al sufrimiento". Creo que mis expectativas se llevaron lo mejor de mi cuando tuve miedo, y todo se me vino abajo por su propio peso.
¿Y que importa más? ¿El que dirán, la opinion de ellos, lo que ellos quieren? No, importa mi opinion, importa lo que yo quiero, y por lo menos lo tengo super claro. Porque soy totalmente capaz de cambiar mi mundo por completo, quedarme sin amigos, quedarme sin nada, con tal de perseguir algo en lo que creo, algo que me apasiona... Como los poetas en pleno siglo XVIII, soy de emociones fuertes y de cambios radicales, de movimientos decisivos, de ideales con convicción. Así como ellos se ahorcaban, colgados de los faros de las calles principales en el Londres antiguo, sería capaz de morir luchando por un ideal, por algo que considero justo, valioso, algo que me lleve a pelear y proteger con mi vida.
¿Y qué habrá sido? ¿Qué no habrá sido? ¿Qué me hace cuestionar tanto la situación, una y otra vez? Eso solamente yo lo se a cabalidad, ¿Ellos?, ellos no saben nada, como he dicho muchas veces, no se puede entender todo cuando se vive de segunda mano. Eso es algo que por ahora me reservo, mientras tengo todavía esta sonrisa imborrable en el rostro...
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